El fin de semana llegó y la preparación para el viaje no podía esperar. El lugar: Atzalan, muy cerca de la zona de montaña del centro de Veracruz. El evento: Festival de Fertilidad y la Alegría, Filobobos 2009. Ciertamente había mucha expectativa por esta visita, no sólo por participar en este evento sino por la oportunidad de acercarse a algunos de los sitios más recónditos de Veracruz.
Atzalan es un municipio pequeño pero encantador, ubicado a tan sólo 1 hora con 40 minutos de la ciudad de Xalapa. Para llegar a este lugar se recomienda tomar un autobús ADO desde Xalapa con destino a Altotonga, otro de los municipios sobre la ruta montañosa con rumbo a Perote que pasa por algunos poblados como Banderilla, La Joya, Las Vigas, Magueyitos, entre otros, con un paisaje interesante, propio del clima frío de montaña.
Al llegar a Altotonga se descubre un pueblo con aire provinciano, sencillo y muy acogedor, tanto por su gente como su clima templado frío. Son las 3 de la tarde y la neblina anuncia la llegada de la llovizna: ¡Ya está pringando!, se oyen las voces de los locales que pasan la noticia; el banco de niebla se estaciona en el centro de la ciudad, justo en el parque central, frente a la iglesia.
El alojamiento en Altotonga es en general muy accesible, aunque sencillo, sin embargo, es la opción más práctica para poder tener una base y moverse a los alrededores. Desde Altotonga se pueden tomar taxis colectivos para trasladarse a Atzalan, son my baratos pues la tarifa va desde $6.00 por persona hasta $10.00, cuando es por la noche, además se encuentra a tan sólo 10 minutos de distancia.
Lo primero que se ve al aproximarse por la carretera es la Torre Solitaria, una estructura de piedra que anuncia el poblado. Al llegar, el ambiente se percibe inmediatamente, pues toda la comunidad está de fiesta: el escenario se prepara con los últimos detalles: la luz y el sonido se prueban, los organizadores corren para tener las cosas listas y los locales esperan con ansías la inauguración.
A pesar de un cielo nublado, el clima es propicio para dar un paseo por el centro del municipio. Recorrer sus calles muestra construcciones interesantes. Uno de estos es la Iglesia de San Andrés Apóstol, una construcción del s. XVII, con una fachada de estilo limpio, casi Neoclásico, flanqueada por una torre con reloj. Enfrente está la curiosa Torre Solitaria, de piedra, de aproximadamente de 20 metros, cuya función actual es la de un campanario aunque antes ha tenido otros usos. Lo interesante de esta construcción de estilo colonial es que se encuentra separada de la iglesia, lo cual es una extraña ubicación para una torre. Su iluminación por la noche le da un carácter soberbio y singular al pueblo de Atzalan.
A una cuadra arriba se encuentra el Parque Colón y enfrente está el Palacio Municipal. Los caminos del parque llevan al centro a un simpático kiosko que es el refugio de visitantes y locales cuando llega la lluvia.
Continuando algunas calles arriba se descubren otros tesoros: la Capilla de Fátima es uno de ellos. Ubicada en una loma, la Capilla es una curiosa y extraña construcción que se distingue por tener una mezcla de estilos prácticamente incompatibles con la mayoría de construcciones de su tiempo: data del s. XVIII y fue abandonada a media construcción y está orientada a Oriente a Poniente, no a la inversa como en otras construcciones. Pasar tiempo recorriendo sus recovecos, subir su torre y explorar el terreno es una experiencia muy singular e inspiradora.
De regreso a Altotonga, la noche continua lluviosa, sin embargo, no impide la visita al parque central para saborear un reconfortante esquite, con mucho limón, queso y chilito, para darle sabor.
Al siguiente día, el plan es emprender el camino a El Cuajilote, pero antes un buen desayuno es necesario. Dicen por ahí que la mejor manera de conocer un lugar es a través de su comida y para empezar, Altotonga cuenta con un mercado lleno de pasillos inundados con el aroma que emana de los diversos puestos y fondas que están listos para recibir al curioso y a aquellos que están dispuestos a probar las delicias locales.
El menú se compone de platillos algo pesados para un paladar citadino exigente, sin embargo, la ocasión lo amerita: hay Adobo de pollo, Mole con presa, acompañado de arroz, Chilposo, Pancita de Res, caliente y con cebolla picada y limón, o bien, los tradicionales Antojitos, desde unas ricas Picadas de comal con salsa verde y queso hasta unas Garnachas estilo Altotonga.
Atzalan es el punto de partida para la siguiente parada. El traslado más recomendable se hace en coche, preferiblemente en taxi, que además son los más conocedores de los alrededores. El camino se aligera con una amena plática y pronto se siente el cambio de clima, más caluroso y húmedo. El Cuajilote está una hora y media, primero yendo hacia Tlapacoyan, por la carretera Estatal 131, y después se toma la desviación a Plan de Arroyo y de ahí se encontrará la entrada a la Zona Arqueológica, rumbo a la comunidad de Rancho Nuevo. Las curvas son pronunciadas y continuas, pero la vista es una gran recompensa, pues la vegetación verde, los voladeros, las paredes de roca y una que otra cascada son un deleite a la vista.
Después de un sinuoso camino de terracería, el campo abierto es la antesala de la zona arqueológica. Actualmente existe una tarifa de $41.00 por persona para acceder al sitio, sin embargo, tanto estudiantes, maestros e INAPAM con credencial vigente podrán pagar la mitad, o bien, entrar gratis el domingo. La zona abre de martes a domingo de 10:00 am a 5:00 pm.
Cuajilote es un lugar realmente impresionante, con sus edificaciones ubicadas a lo largo de una explanada de forma rectangular, muy alargada. El nombre que le dieron se debe a la abundancia de un árbol que por la región totonaca se conoce como Chote, el sitio data de del año 200 d.C. y estuvo ocupado hasta el 800 d.C. por sus edificaciones, se cree que el sitio estuvo dedicado al Culto a la Fertilidad, muestra de esto son los Adoratorios que se encuentran en la plaza principal del complejo.
Definitivamente, el tamaño de las estructuras es impresionante al visitante, los adoratorios centrales, de menor tamaño crean mayor curiosidad por los antiguos visitantes y el entorno invita a disfrutar de los espacios verdes llenos de vegetación… un sitio realmente recomendable.
De regreso a Atzalan, la hora de la comida guarda una última sorpresa antes de emprender el camino a casa: el platillo típico local: Tacos de Calate. Así le llaman a una especie de ranas que se encuentran en la zona rural, por suerte, es septiembre, época en que cazan a estos anfibios. Se preparan secándolos para después ahumarlos y así están listos para que se muelan, dejando una especie de polvo, con el que se preparan tortas, similares a las de camarón seco. Las tortitas de calate se presentan en tortillas con salsa de chile de árbol, la cual le da en definitiva un toque muy bueno pues se llevan perfecto con la textura arenosa similar a la hueva de pescado.
El final del recorrido ha llegado y volviendo a casa se llevan los recuerdos de las vistas, los aromas y los sabores de tres bellísimos lugares de Veracruz.



